Pintas y Afectos

Juan Álvaro Echeverri.

El libro de colores. Del naranja subido del achiote al huito y el huitillo que tiñen de púrpura profundo, pasando por los verdes y amarillos, y el rosado: los colores de las tintas de las plantas —de las palmas, tubérculos, árboles y arbustos—. ¿De dónde salen esas pintas que la autora exprime, ensaya y embadurna, y que ahora vemos impresas en papel? Cuando este mundo aún no era, cuando la luz que revela los colores no brillaba —dice la historia— esas pintas fueron los afectos y potencias del cuerpo del Padre Creador. En su formación, el Creador arrojó de sí esos humores —potentes y polutos— que son el principio de la formación de las plantas, peces, aves, insectos, animales y la gente. Al amanecer el mundo esas pintas quedaron esparcidas como señas, a veces ocultas, a veces conspicuas, de ese origen primordial.

Las aves y los peces las exhiben como marcas y colores en sus cuerpos y en sus plumas. En ese otro espacio oscuro —el vientre— nosotros también fuimos pintados en el rostro con el negro del huito y la sangre del achiote. Esas pintas están en nuestro cuerpo, son índices de humores y claves de conjuros y oraciones. Cada color hilvana una historia que viene de la esencia de las plantas, evoca pintas del poder de las aves y los peces y deriva su fuerza de los afectos y potencias de la creación. Cuando una mujer extrae, cocina, exprime y obtiene de las plantas sus tintes y colores está narrando con sus gestos la historia del mundo; y al aplicarlos a las fibras, papeles y telas, o al teñirlos en el cuerpo, está escribiendo con letras poderosas.